viernes, diciembre 16, 2016

Sueños de taller literario



Soñé que era un gato y que me posaba sobre el hombro de Perec.
Soñé que Pascal construía una máquina para calcular aforismos.
Soñé con minuciosos recuerdos como los de Funes.
Soñé que me convertía en esdrújula y dignamente me ubicaba en el lugar adecuado.
Soñé que abría una gaveta y encontraba mi obituario.
Soñé con una rosa, un maestro y su taller, que abarcaba dos espacios del solar.
Soñé con el caos y que despertaba solo entre la ciudad y las masas.
Soñé que rimaba mis acciones.
Soñé que escribía en el whatsapp dominando el agudo puntillismo de Azorín.
Soñé con un obrero y su estrepitosa caída sobre el tráfico.
Soñé con una página en blanco mientras intentaba una torpe descripción de mí mismo.
Soñé con Foucault y su péndulo.
Soñé con un viaje de una noche de invierno.
Soñé que Margo Glantz me retuiteaba.
Soñé que era la mano derecha de Paul Wittgenstein.
Soñé que Popper no era capaz de refutarme.
Soñ qu d mi tclado dsaparcía una ltra qu m condnaba por simpr al lipograma.
Soñé que era un peldaño de una de las escaleras de José Alvarado.
Soñé que era una forma breve y que jamás tendría tiempo para convertirme en texto largo.
Soñé que era un cuento de una palabra: basta.
Soñé que despertaba convertido en un bicho de pocas palabras.
Soñé que era un monstruo de Arcimboldo y que alguien resposteaba mi autorretrato.
Soñé que Oliverio Girondo me reinventaba convertido en neologismo.
Soñé con un tuit de Ramón Gómez de La Serna.
Soñé que Julio Torri me dedicaba un cuento.
Soñé que me incluían en una lista de prestigiosos críticos literarios, con un libro que aún no he escrito.
Soñé con un taller y un maestro que me enseñaba su alquimia, y a tener paciencia.
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