jueves, agosto 28, 2014

Cortazariana II. Blow-Up (Las babas del diablo)



Continuando con mi ejercicio Lecto-músico-fílmico sobre películas poco conocidas basadas en textos de Cortázar, sigo con Blow-Up de Michelangelo Antonioni, inspirada en el cuento Las babas del diablo, incluido en el libro Las armas secretas.

Robert Michel, el personaje de Cortázar es un traductor aficionado a la fotografía, quien mientras en su Remington realiza la traducción de un "tratado sobre recusaciones y recursos" de José Norberto Allende, nos va describiendo su amor por el arte de la fotografía y su estética de fotógrafo.  Un día, durante un paseo por París con su Contax en mano y como una especie de Paparazzo cortazariano, toma una imagen inesperada de una inusual pareja que termina por convertirse en su obsesión.  Las babas del diablo o "los hilos de la virgen" es un relato de ficciones en torno a una fotografía; es literatura hecha a partir de una foto; es la interpretación del artista (el fotógrafo) de la realidad, o sus muchas posibilidades, desde la imagen capturada, misma que Cortázar describe minuciosamente con detalles que nos hacen recrearla vivamente y construir nuestras propias historias



Blow-up, por desfortuna, simplica al personaje (y a la literatura), convirtiendo a Michel en Thomas un fotógrafo de modas, y a la historia en un thriller de misterio.  No obstante, Antonioni se preocupa por preservar uno de los rasgos característicos del relato: las interpretaciones de la realidad a partir de una imagen.  Pero lo que si hace muy bien el director es retratar la cultura inglesa (porque traslada el relato a Inglaterra) de finales de los 60, el mundillo de la moda y la dictadura de la imagen.  Las excelentes interpretaciones de David Hemmings y, la aún más bella por aquellos años, Vanessa Redgraves son también de destacar.

Sobre la película diría Antonioni:

“Cuando se utilizan ampliadoras [...] pueden verse cosas que probablemente el ojo desnudo no sería capaz de captar [...]. El fotógrafo de BLOW UP, que no es un filósofo, quiere ver las cosas más de cerca. Pero lo que sucede es que, al ampliarlas demasiado, el objeto se desintegra y desaparece. por lo tanto, hay un momento en que asimos la realidad, pero ese momento pasa. Este es en parte el significado de BLOW UP
Pero lo que verdaderamente conecta a esta película con mi ejercicio y tal vez lo más destacable, es la banda sonora de Herbie Hancock, con una alineación de lujo compuesta por Freddie Hubbard, Phil Woods, Joe Henderson y Ron Carter, entre otros, y participaciones de The Yardbirds, Jeff  Beck y Jimmy Page.  Considerado por muchos como uno de los mejores trabajos de Hancock de todos los tiempos y sin duda como su mejor contribución al cine.






domingo, agosto 24, 2014

Cortazariana I. Week end (Autopista del sur)



No soy un Bartleby, no.  No tengo el oficio y seguramente tampoco el talento.  Es por eso que recientemente he dejado varios textos a medio camino, muchos más de los que me gustaría.  Este de hoy es uno de ellos, que por fin me decido a completar prácticamente obligado por el inminente centenario de Cortázar, y que nació de la relectura de algunos de los textos del cronopio mayor.  Motivado por la posibilidad de hacer alguna charla sobre Cortázar y el jazz, la relectura derivó en la primera y necesaria revisión de Rayuela, de la que leí con total fruición  -y debo confesar que ahora le conseguí otro particular gusto-, los ocho capítulos (10-18) dedicados casi exclusivamente al jazz.  Entonces se me ocurrió el ejercicio de buscar películas no muy conocidas basadas en textos y cuentos de Cortázar.  Así, comenzando por los caminos del jazz, llegué hasta Blow Up de Michelangelo Antonioni y El perseguidor de Osías Wilenski.  Hasta que siguiendo con mi particular ejercicio, y más allá del jazz, me topé con Week end de Jean Luc Godard, inspirada en Autopista del sur, que acaso es uno de mis cuentos favoritos de Julio Florencio.  


Sobre Autopista del sur dijo Cortázar en aquella extraordinaria entrevista que le hiciera Joaquín Soler Serrano:

"Los atascos y los embotellamientos automovilísticos son uno de los signos de esta triste sociedad en que vivimos, y uno de los signos más negativos porque prueban una suerte de contradicción con la vida humana.  Es decir, una especie de búsqueda de la desgracia, de la infelicidad, de la exasperación a través de la gran maravilla tecnológica que es el automóvil, que debería darnos la libertad y que vuelta a vuelta nos está dando las peores consecuencias"

Pero esas terribes colas -como acostumbramos a llamar por acá a los embotellamientos- que Cortázar presagiaba en su magistral historia, parecieran ahora un asunto menor, incorporado a la cotidianidad de muchos grandes centros urbanos (otro modelo en el que torpemente nos empeñamos), pero que sin embargo dan la impresión de inexorablemente repetir la historia de Autopista del sur.

Jean Luc Godard lleva al hipérbole la advertencia del cronopio mayor sobre la civilización del automóvil y nos muestra incesante y crudamente accidentes automovilísticos inmersos en una fábula sobre la burguesía contemporánea.  Con su visión marxista, que se muestra explícitamente en muchas escenas, alude a la lucha de clases, el individualismo y hace algunos guiños o referencias explícitas a Buñuel, Georges Battaile, Susan Sontag, Emily Bronte, Nietzsche, siempre claro desde la profanación de todo lo "santo".



Una escena memorable: la enorme cola (embotellamiento) que el director nos muestra en un único plano secuencia de alrededor de diez minutos con ensordecedoras cornetas de fondo que nos hacen sentir la angustia del atascado.  Esta escena es tal vez también una metáfora de Godard hecha para describir el progreso de la economía capitalista.



Week end no es una película fácil, que probablemente requiere de al menos dos tandas, porque en momentos se siente opresiva la puesta en escena de Godard del No Future.  El film es la historia de una pareja de ricos,  que durante un viaje, van atravesando por lo que pudiéramos considerar como estadíos de la cultura de estos días, siempre relacionados con los automóviles.  Godard no cuenta una historia lineal, es más bien una sucesión de imágenes y pequeñas historias en la que nos enrostra la doble moral de nuestras sociedades y hasta el desprecio por la vida humana, no sé si también propio de estos tiempos. 

Yo, me sigo quedando con la muchacha del Dauphine de Cortázar.