jueves, enero 09, 2014

Las historias detrás del cine.The sessions: sexo y discapacidad


Siempre que alguien me pregunta por qué me gusta el cine, respondo que no es el cine lo que me gusta sino las historias detrás de las películas, detrás de cada línea del guión, de cada imagen, de cada pieza de la banda sonora, de cada gesto de un actor.  Esa es la riqueza del cine, esos pequeños detalles que no se consiguen en apps para el iphone o la tableta.

Movido por The Sessions, y dejando de lado el estirado y casi inexpresivo rostro de Helen Hunt pero sí admirando su hermoso y bien cuidado cuerpo de medio cupón, me adentré en la historia de Mark O'Brien y sus dos mayores preocupaciones: su virginidad y su discapacidad.

Sexo

Mark O'Brien contrajo polio a los seis años y como resultado solo podía mover su cabeza a la derecha, aún cuando no perdió sensibilidad alguna en ninguna parte de su cuerpo.  A sus treinta y ocho años, y luego de vivir, durante treinta y dos, atrapado en un pulmón artificial y en su propia burbuja de temores e inseguridades, derivados, según refiere reiteradamente, del "honrar a padre y madre" y "amar a Dios por sobre todas las cosas", decide que es hora de ver a una terapista sexual y así tomar las riendas de su sexualidad.

Aun cuando no pretendo convertir este breve texto en un manifiesto hedonista, creo que ya va siendo hora de "disminuir los dioses y los temores" como dice Michel Onfray, de echar abajo, como Mark, los estereotipos, preconceptos y prejuicios de nuestra cultura en torno al sexo, muchos de ellos derivados -y perdonen los fervorosos-  de la tradición judeo-cristiana.  Me parece necesario intervenir antes de que lleguemos a racionalizar los prejuicios y la discriminación que se derivan de tales construcciones, antes de que todo termine en el "porque así funcionan las cosas" o "es así como debe ser".  Es necesario vivir el sexo en tanto que placer de existir, dominando y controlando las pasiones y las pulsiones, no para extirparlos sino para aceptarlos y aprender a vivir con ellos.  Parece necesario entonces dejar de pensar en el cuerpo como sucio e impuro, pero sí como instrumento de placer.  

Discapacidad

Mark es una persona que vive con una terrible discapacidad que le impide valerse por sí mismo, incluso respirar se le hace difícil.  Es una condición que le impone vivir su existencia dentro de un respirador artificial y que le hace dependiente de otros.  Piensa que Dios lo creó a su imagen y semejanza y que un virus, creado seguramente por el mismo Dios, le dio esa apariencia que le arquea la espina dorsal y le permite mover escasamente su cabeza.

Todos tenemos alguna discapacidad me dijo alguna vez José Gregorio, una persona con una condición similar a la de Ramón Sampedro, mejor conocido por la película Mar Adentro de Alejandro Amenabar, quien sufrió una lesión producida casi en iguales circunstancias que Sampedro, al lanzarse de cabeza a un río de aguas poco profundas.

La mayor de las preocupaciones de muchas personas con discapacidades motoras es trascender las limitaciones de sus cuerpos, pero lo más acuciante, según dice el mismo O'Brien, es luchar contra los estereotipos que las personas sin condiciones motoras les imponen -ya entenderán que no me gusta la palabra normal, que discuto frecuentemente la idea de normalidad-.  No es tan fácil romper las barreras sociales y esforzarse por tratar de ser independendiente.  Dice Mark O'Brien que los dos mitos que una persona con discapacidad debe romper son: "1. No podemos hacer de todo; 2. Podemos hacer de todo"

De mi cercanía reciente a personas con distintos tipos de discapacidad (mayores que las mías) creo haber aprendido que, para aquellos que viven con una condición particular, de nada les sirve nuestra compasión, que puede que necesiten o dependan de nuestras atenciones, pero que solo quieren y aspiran, como es su derecho, a ser tratados como lo que son: seres humanos con las mismas necesidades, deseos, virtudes, vicios y temores.

La película

Las sesiones o Seis sesiones como también es traducido su título, es una película tan graciosa como terrible.  John Hawkes, en una actuación más que solvente, encarna a Mark O'Brien y su proceso por deslastrarse de su impura concepción sobre el sexo y de una vez por todas dejar atrás la virginidad, aupado por su amigo el padre Brendan (William H. Macey).

Presenciamos entonces seis clases de sexo (absolutamente terapéuticas) que comienzan con la "conciencia del cuerpo" y terminan con la gloriosa, según uno de los cuidadores de Mark y perdonen de nuevo los fervorosos, penetración.


Es a Cheryl (Helen Hunt, nominada al Oscar como mejor actriz de reparto), a quien le toca inducir a Mark y darle una probada de las mieles del himeneo, a través de las sesiones que les van llevando a conocerse un poco más hasta el punto de desarrollar una relación más que comercial.


La lección de sexo más importante: "concéntrate en exhalar lentamente, mucho más que en inspirar"


Aunque edulcorada con una historia que jamás ocurrió, previa a un final esperado pero repentino, creo que es una película que bien vale la pena no solo para un domingo, y quien sabe, tal vez a muchos de nosotros -y me refiero especialmente al género masculino- nos vendrían bien algunas cuantas sesiones.

El artículo y el documental

En 1990 Mark O'Brien escribió -con su boca- el excelente artículo On seeing a sex surrogate (permítanme traducirlo como: Viendo a una sustituta sexual), donde cuenta la travesía de su primera experiencia sexual.  Luego, en el año 1996 el corto documental Breathing Lessons: The Life and Work of Mark O'Brien, nos contó la historia de Mark desde una mirada desprejuiciada lo que le valió el Oscar a mejor corto documental el siguiente año.




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