sábado, agosto 10, 2013

Del silencio de los inocentes, a Ed Gein y hasta Hannibal


Hace algunos meses Daniel me preguntó por la película El silencio de los inocentes, entonces la revisité mientras él la veía por primera vez, y pensé que podía ser otro interesante ejercicio película-libro-serie, similar al ejercicio con Psicosis.  Así que este post debió esperar por la lectura obligatoria de los thrillers de Thomas Harris: El silencio de los inocentes y Dragón Rojo, como también ver los trece capítulos de la primera temporada de la serie Hannibal.

La historia de El silencio de los inocentes tiene una interesante y siniestra conexión con Psicosis, por el hecho de que los personajes de Buffalo Bill y Norman Bates, respectivamente, fueron inspirados por el mismo asesino, Ed Gein.  La fascinación de Gein por conservar los cadáveres de sus víctimas y de otros que desenterraba, para hacer con ellos ropa, lámparas y adornos para su casa, inspiraron al despellejador Buffalo Bill y al taxidermista Norman Bates. 

El silencio de los corderos (The silence of the lambs, 1991), que es la traducción literal del título original y que es sugerido por un recuerdo de la agente Starling, es la película que nos trajo al temible Hannibal Lecter a escena, aún cuando Michael Mann ya lo había intentado fallidamente con su película Manhunter de 1986.  Jonatham Demme dirigió esta adaptación, cuyo guión fue escrito por Ted Tally y que contó con las impresionantes actuaciones de Anthony Hopkins (Hannibal "Cannibal" Lecter), Jodie Foster (Clarice Starling) y Scott Glenn (Jack Crawford), que le añaden especial interés a este thriller cinematográfico ganador de cinco premios Oscar.



El silencio de los inocentes es una película excesivamente cuidada en los detalles, hipercoherente quizás, que sin embargo no está exenta, en tanto que adaptación, de pequeños detalles.  El primero y quizás más notable, tal vez sea el hecho de que la siniestra figura de Hannibal Lecter, no es tal en el libro Thomas Harris quien lo describe más bien como un personaje relajado y hasta de un humor sarcástico.  Hay un detalle muy importante (y perdonen el spoiler), que es desechado por la película por no ser coherente con la figura que construye del Caníbal Lecter: cuando éste le da a la senadora el nombre del temible Buffalo Bill, le dice: "- El nombre de Buffalo Bill es William Rubin, aunque todo el mundo le conoce como Billy Rubin.", la genial broma no es revelada sino hasta que descubren un trozo de papel con el nombre de Chilton (carcelero de Lecter), con una fórmula química utilizando las letras C H O N, que coincide con la de la bilirubina (bilirubin en inglés), que era el mismo color del cabello de Chilton y "uno de los principales agentes colorantes de la mierda".  En la película, el nombre que Hannibal le da a la senadora es Louis Friend, mismo que se convierte en un dato irrelevante.



Otro detalle de la película es el exagerado dramatismo de las escenas de las muertes de los agentes cuidadores de Hannibal previo al escape, Pembry y Boyle, este último en la película es crucificado con sus vísceras expuestas, que en el libro es una imagen que coincide con un diseño de un reloj de la crucifixión de Lecter y no con la forma como Boyle fue muerto de acuerdo con el film.

No obstante estos detalles solo aparecen hasta leer el libro, que está más centrado en diálogos con juegos psicológicos, contrariamente a su predecesor Dragón Rojo, el primero de Thomas Harris, que es más lento y descriptivo.

Así, luego de revisitar la película y leer El silencio de los inocentes, era necesario entonces, antes de iniciar la serie, hacer lo propio con Dragón Rojo.


 Voy a empezar por la interesante referencia que sugiere el título, relacionada con El gran Dragón Rojo y la mujer revestida de Sol de William Blake.  Mad Blake, como era conocido, fue un poeta y artista inglés de finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX, quien según Borges: "Recorrió las llanuras de ardiente arena, los montes de fuego macizo, los árboles del mal y el país de tejidos laberintos".  La obra que inspira el título del libro es sacada de una serie de acuarelas de Blake que incluye cuatro obras en las que el autor simboliza el deseo y el mal con el gran dragón, e inspiradas por visiones que dijo tener desde niño.  Harris, por su parte, incurre en un pequeño error en su libro al referir a dos de ellas como la misma, específicamente El gran dragón rojo y la mujer revestida de Sol y El gran dragón rojo y la mujer revestida con el Sol,  sin embargo, es la primera la verdadera razón del título y motivo de Francis Dolarhyde, el asesino.

Dolarhyde, como Blake, tiene visiones y es el dragón quien dicta sus acciones, mientras que el investigador Will Graham trata de ponerse en la piel de los asesinos con la ayuda del prisionero Lecter, quien a su vez habría intentado matar a Graham luego de que este le descubriera como el asesino de Chesapeake.  El libro, a mi parecer, es algo tedioso en tanto de que es excesivamente descriptivo y la prosa de Harris es algo limitada, al punto de no atreverse a describir ninguna receta con las que el caníbal Lecter preparaba los despojos de sus víctimas.

La película del 2002 nos muestra una versión acorde con el Lecter sombrío, interpretado por el mismo Hopkins, que incluye las actuaciones de Edward Norton como Will Graham; mi apreciado Harvey Keitel, quien no obstante hace el más flojo de los Jack Craford; y el feo y musculoso, según Harris, Francis Dolarhyde interpretado por Ralph Finnes, a quien creo hubiese cambiado tal vez por un Mickey Rourke o quizás por un Danny Trejo.  Es una buena película que resume el argumento del libro y acorta la historia a los momentos claves de la misma sin sacrificar coherencia.



Para terminar referiré la excelente serie Hannibal, a la que había estado evadiendo porque alguno de los amigos me había advertido de las escenas algo sangrientas y de la que ahora debo decir que es una excelente precuela de la historia de Harris.  En el primer libro, Dragón Rojo, Hannibal ya está preso, luego de haber sido descubierto; en el segundo, El silencio de los inocentes, Lecter escapa; para el tercero, Hannibal (que no pienso leer),  Harris cuenta una historia siete años posterior al escape; y el último de la serie (que tampoco leeré) narra la infancia y la juventud de Lecter.  De manera que hay un vacío en la historia, de cuando Hannibal comete los crímenes de Chesapeake y de su ejercicio como psiquiatra.  Es justo esta parte la que ficciona la serie y basándose en los personajes de la primera novela, nos cuenta de la investigación de Will Graham sobre los crímenes de Chesapeake, mientras va sumiéndose en un estado cercano a la locura.  El Lecter, desde el punto de vista del personaje original de Harris, es sin duda el mejor de todos, con la importantísima adición del exquisito gusto y preparación culinaria del caníbal, esbozado apenas por Harris.

Otro detalle que no puedo dejar de lado es la música, que en la serie se explora más a profundidad. En El silencio de los inocentes, en la celda de Lecter, antes del escape, escuchamos las Variaciones Goldberg De Bach, interpretada por Glenn Gould, pieza referida explícitamente en el llibro.  Por su parte la serie amplía el repertorio (obvio) musical de Hannibal e incluye piezas de Mozart, Handel, Chopin, Beethoven, entre otros.

Desde el punto de vista de las escenas y las imágenes de las muertes, puede que haya algunas dantescas, pero no al punto del gore que era mi temor principal.  Los trece capítulos de la primera temporada muestran un cuidado en la dirección (itinerante) y la producción.  Las actuaciones impecables de Hugh Dancy como Will Graham (mi favorito), Mads Mikkelsen como un inexpresivo y algo emotivo, pero no obscuro, Lecter y Laurence Fishburne como el mejor de los Jack Craford, terminan de redondear esta excelente serie que iniciará su segunda temporada el próximo año.