martes, julio 09, 2013

Los sonidos de la caminata


Había seleccionado la lista funk que comenzó con Maceo's Groove de Maceo Parker, pero luego de unos quinientos metros y justo antes de entrar al complejo deportivo, dejó de sonar la música.  Al mover el cable de los audífonos me di cuenta de que finalmente se había dañado.  Hoy los audífonos solo servirían para disminuir el ruido de fondo, el ruido del exterior. 

El alboroto de la avenida fue disminuyendo a medida que entraba.  Me encontré a Justo, con su andar desgarbado, cansado. El no me recuerda pero yo si, fue durante algunos años amigo de mi mamá. Aún cuando me ha visto muchas veces caminando, pasa con su mirada esquiva y no saluda. Sigo. Debo buscar una manera de mantener el ritmo, un dos tres; un dos, tres; tres uno dos.

En el gimnasio de boxeo, hoy es día de bailoterapia y sonaba algo de música electrónica. No reconozco el tema, soy neófito en el género, además me parecen que todos suenan igual. Ajusto el ritmo un, dos, tres, un, dos, tres.

Me encuentro a los muchachos del Instituto de Educación Superior, ríen. Esperan al profesor como muchas veces.  No siempre llega.  Al fondo se escucha una ruidosa cortadora de césped.
 
Calculo que ya habrá transcurrido el primer kilómetro.

En este lado del polideportivo se escucha el sonido de los pájaros.  Reconozco a un tordo y una paraulata, son los únicos que reconozco.

Avanzo y me acerco de nuevo a la pista, por el lado este, a la izquierda se oyen las órdenes del entrenador: ¡Vamos, vamos!.  El ritmo, el ritmo, un, dos, tres.

De pronto comenzó a cantar Jamiroquai, too young to die, duró apenas como diez segundos. So you don't worry, suffer no more,/ cos we're too young to die.

Ya cerca de la avenida escucho de nuevo los sonidos de los autobuses, pero lo que más se oye esta vez son motos, muchas motos, a veces me parece que son como una plaga. ¿Ya van dos vueltas?. Sigo.
 
Desde la pista de atletismo, del lado oeste, los muchachos especiales me ven pasar, algunos de ellos me saludan, no me conocen, pero seguramente ya les soy familiar. Yo devuelvo agradecido el saludo, hoy escucho sus "holas" con claridad. Avanzo.

Al fondo, desde el gimnasio de pesas que está detrás de los estudiantes, reconozco el sonido de un disco que cae al piso. Pierdo el ritmo.

Vuelvo al lado de de los pájaros, es agradable esta parte.  Escucho otro canto que me parece un turpial. Cuando era niño mi tío Gilberto tenía uno, tenía otros muchos pájaros en realidad, todos en jaulas.  A mi no me gustaban las jaulas.

La lanzadora de bala pasa a mi lado, trota.  Es grande. Un, dos, tres, un, dos, tres.

Escucho un ladrido, ¿será Apestoso que ha vuelto?.  Lo veo a lo lejos, es un perro amarillo.  Los perros amarillos son inteligentes.  Se va detrás de una señora que lo mira con recelo.

Creo que ya son tres vueltas, hoy solo puedo contarlas, no escucho la femenina voz del Endomondo que me anuncia cada kilómetro cómo voy.

Los estudiantes se marchan. No llegó el profesor.

Paso entre una señora y una joven a quienes no había visto antes.  Buenos días digo, buenos días responden amablemente, mientras continúan su conversación.  La señora se quejaba de la escasez y de que no tenía papel higiénico, "toilet" o "tualé" le decimos por acá.  ¿Habrá papel hoy en el farmatodo?, pensé.

Completo la cuarta vuelta, según mi cuenta.  Hago un repaso de los elementos que posteriormente incluiría en este texto. Me voy a casa.

Debo comprar unos audífonos.



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