sábado, mayo 14, 2011

Sábado de Iglesia

Desde hace tiempo que estoy por ver los Crímenes de Oxford, y tanto fue, que terminé juntándola en la tarde de este sábado con Balada triste de trompeta. Aquí van dos breves sinopsis:


Basada en una novela, esta película nos muestra un Alex de la Iglesia distinto, muy "por el hilo", diría yo. Se trata de un estudiante y un profesor que entablan una relación "teóricamente contradictoria" y algo forzada, movidos por el ego y el afán de descifrar una serie de asesinatos que ocurren en los alrededores de la universidad.

Entretenida, toca temas -aunque tangencialmente- como algunos principios del tractatus lógico filosófico de Wittgenstein, la matemática de las series y el principio de indeterminación o incertidumbre de Heisenberg. Creo que valdría la pena leer Los crímenes imperceptibles de Guillermo Martínez.



No se maten la cabeza, no es una película para meterle seso. Es un espectáculo visual, con una estética grotesca, del más crudo Alex de la Iglesia. Eso hace valiosa esta tragi-comedia, de extraordinaria fotografía y escenas remarcables como la del payaso -republicano a la fuerza- matando soldados con un machete y la maravilla de escena final al más puro estilo Hitchcock.

Disfruté de los personajes y la puesta en escena surrealistas, la banda sonora de Roque Baños y la buena dirección del vasco.

Para cerrar, el temazo de un Raphael en sus años mozos y que da título a la película:




lunes, mayo 09, 2011

Dos reseñas



Por obra del azar, llegaron a mi estas dos novelas que tuve el honor de leer como una suerte de "auxiliar de lectura".


Monterrey es Königsberg, que es Kaliningrado. Los alemanes fueron las víctimas de los rusos, después del 45. Las niñas perdidas, las niñas desaparecidas en la guerra y a manos del crimen, son también las botellas de los tres borrachos actores que escenifican una guerra, y una pelea entre Max Schmeling y el polaco. Entonces el polaquito, el canapial, el esclavo de la botella, le gana al gigante Schmeling y le da su revancha a Polonia. ¿Se pueden cruzar los siete puentes de Königsberg, sin cruzar dos veces por el mismo lugar?.

La guerra, el teatro, Monterrey y los siete puentes de esa ciudad perdida, que ahora se llama Kaliningrado, son los temas del ingeniero David Toscana, en esta novela que de pronto pareciera confundir y entremezclar -como si fueran distintos-, la realidad y la ficción.


El gordo Pepe Calderón Tovar, es un reconocido comentarista deportivo quien cuenta los últimos días de su vida y revive el fatídico episodio del día, en el que perdió la voz -desde entonces y por siempre- por no ser capaz de narrar el autogol de Andrés Escobar, en el partido contra Estados Unidos el 28 de junio de 1994. No quiso seguir hablando, la verdad. Había perdido todos los ahorros de su vida apostándole a la selección de su Colombia querida, en un partido que aún hoy, se piensa que fue vendido. Pepe perdió a su esposa, su familia y todo su dinero, entonces decidió que Andrés Escobar debía pagar, y se propuso matarlo.

Ricardo Silva Romero, cuenta algunos intríngulis (sólo algunos), del fútbol colombiano de los 80 y los 90. El narcotráfico, las apuestas y los sobornos aparecen, aunque tímidamente, en un intento de retrato de la Colombia de esas décadas. A pesar de las interesantes citas y remembranzas futbolísticas, es un libro que seguramente pudo haberse resuelto en 200, y no 400 páginas.