viernes, marzo 06, 2009

La noche de Iron Maiden




Hace cerca de un año relataba la primera experiencia metalera de Daniel, ahora luego de este tiempo y ya que el veneno del metal entró definitivamente en su sangre estoy obligado a contar este poco menos que extraordinario concierto. Comienzo por aclarar que Iron Maiden ha sido mi banda favorita de heavy metal desde mi primer encuentro con uno de sus discos - el número de la bestia para ser preciso-, que fue también el segundo disco de metal que escuché inmediatamente luego del live evil de Black Sabbath, ya comprenderán entonces mi devoción. 26 años después, todo recomenzó en noviembre cuando apenas habiéndonos enterado del concierto y la preventa nos dedicamos a atormentar al buen Tyco para que hiciera la cola y nos comprara las entradas. Daniel entonces me pidió toda la música de los Maiden que pudiera darle y no le defraudé. Cuatro largos meses pasaron en la espera hasta que llegó el día y siete comegatos, como diría Agneris, nos subimos a una van y nos fuimos al concierto.

Luego de 17 años los Maiden nos regalaron un concierto impecable con lo mejor de sus clásicos y pagaron la deuda con sus fans venezolanos tocando Fear of the Dark luego que en 1992 no sonó por problemas con el micrófono de Dickinson -Agneris dixit-. Debo decir que para aquel entonces mi corto presupuesto de estudiante no me permitió la entrada. Esta vez agregaron The trooper, Wrathchild, Phantom of the opera, Powerslave, The number of the beast, The evil that men do, Aces high, Children of the damned, Hallowed be thy name y la inesperada The rime of the ancient mariner que son las que ahora recuerdo -de nuevo emocionado- luego de la alucinante experiencia de ver a mis ídolos metaleros quienes me llevaron de vuelta a mi adolescencia. La rima del anciano marinero fue un regalo que hice mio, puesto que es una de mis favoritas desde el disco Live after death y luego de que algunos años después me topé con el poema de Samuel Taylor Coleridge que la inspiró.

La experiencia de Daniel sería mejor que él la contara, pero como es de poco hablar me toca a mi decir que jamás había visto tanta emoción en su rostro.

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