viernes, julio 06, 2007

La fábula de Omar



Para Laura,
porque sentir miedo no es malo

Aunque mi nombre no es David, el de él tampoco era Goliat. Se llamaba Omar y era un muchacho grande, aunque más bien lento pero malo. A Omar le provocaba molestarme, yo creo que disfrutaba haciéndolo, siempre se inventaba una razón para fastidiarme en todo lugar: en el recreo, a la hora de la merienda, en los partidos de fútbol, en la clase de matemática, al salir de clase. Yo trataba de evitarlo pero él siempre me encontraba.
Hasta que un buen día, cansado de sus bromas y decidido a enfrentarlo, rabia en mano le di un golpe justo en la boca y comenzó a sangrar y sangrar. Omar se echó a llorar como una niña y fue a mi a quien llevaron castigado a dirección.
Desde ese día Omar dejó de molestarme y yo aprendí a enfrentar los miedos por grandes que parezcan.

domingo, julio 01, 2007

La fábrica de jabón y velas



Hay quienes son capaces de colearse en una fila de comedor; de gritar a los otros para hacer una arenga política y "llamarles la atención"; de reprochar a alguno con ironía por el simple hecho de haber sido tropezados, aún cuando se les haya pedido disculpas; de irrespetar el derecho de palabra ajeno, olvidando así las más elementales normas de comunicación; de obviar las aún más elementales normas de cortesía y no devolver un buenos días; de repetir mecánicamente "eslogans", en medio de éxtasis políticos, como si de mantras se tratara y de balbucear sobre valores y el nuevo republicano...

Hay quienes se llaman docentes y asisten a jornadas de formación pretendiendo aprender para luego enseñar sobre valores como si de una técnica pedagógica se tratara.

¡Cuánta moral!,¡cuántas luces!.

Vaya magisterio este de algunos.

Harían falta miles de fábricas de jabón y velas. Los primeros para lavar su "mugre moral" y las segundas para "iluminarles el camino".

"Más es el daño que hace, a la sociedad, un viejo ignorante, conversando con un nietecito, que el bien que promueven mil filósofos escribiendo... volúmenes! El muchachito es capaz de corromper la razón de todo un barrio, si alcanza a vivir en él 40 años - y de los libros de mil filósofos, apenas vendrá, uno que otro, entre millares, a leer algunas páginas... por distraerse, las más veces"

Simón Rodríguez