viernes, julio 06, 2007

La fábula de Omar



Para Laura,
porque sentir miedo no es malo

Aunque mi nombre no es David, el de él tampoco era Goliat. Se llamaba Omar y era un muchacho grande, aunque más bien lento pero malo. A Omar le provocaba molestarme, yo creo que disfrutaba haciéndolo, siempre se inventaba una razón para fastidiarme en todo lugar: en el recreo, a la hora de la merienda, en los partidos de fútbol, en la clase de matemática, al salir de clase. Yo trataba de evitarlo pero él siempre me encontraba.
Hasta que un buen día, cansado de sus bromas y decidido a enfrentarlo, rabia en mano le di un golpe justo en la boca y comenzó a sangrar y sangrar. Omar se echó a llorar como una niña y fue a mi a quien llevaron castigado a dirección.
Desde ese día Omar dejó de molestarme y yo aprendí a enfrentar los miedos por grandes que parezcan.
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