sábado, enero 20, 2007

Del reggaeton y otros demonios


Yolanda reflexiva

Hace unos días le hablaba a Yolanda y le decía, luego de que ella me manifestara su escándalo por algunas canciones de reggeaton, que no importaba que los niños(nuestros hijos) las escucharan. Claro que el problema está en que no se convierta en la única fuente musical, que no sea lo único que escuchen. En el caso de mis hijos así como les permito (mientras yo aguanto) escuchar el reggaeton, a cambio ellos tienen que escuchar toda la música que pasa por mis manos. Fue así que descubrí que a Daniel entre otras cosas le gustan Kevin Johansen, Chano Domínguez y el Florentino y el Diablo del Ensamble Gurrufío; a Laura por su parte le gustan Ken Vandermark y Fito Páez. Creo que es esa la única manera en que puedan ampliar sus gustos musicales. Sin embargo creo que el mercado musical no piensa igual.
Ahora bien ¿es el reggaeton una expresión musical popular? y ¿qué pasa con las otras expresiones musicales populares?. Yo pienso que es una expresión musical banal y simplista, con un contenido reducido únicamente al aspecto sexual. Acaso tendrá algo que ver con lo que Ortega y Gasset decía en su libro La rebelión de las masas, analizando la cultura española de inicios del siglo XX y prefigurando la cultura que se avecinaba:
«Lo característico del momento es que el alma vulgar, sabiéndose vulgar, tiene el denuedo de afirmar el derecho de la vulgaridad y lo impone dondequiera» (IV, pág. 148). Es la rebelión del hombre-masa, el hombre caracterizado por «la libre expansión de sus deseos vitales», la «radical ingratitud hacia cuanto ha hecho posible la facilidad de su existencia», la decisión de «no apelar de sí mismo a ninguna instancia superior», el sentirse perfecto, el procedimiento de la violencia y de la acción directa.

Quizás sea un ejercicio de ese derecho a la vulgaridad, una rebelión contra la cultura aburguesada. Sin embargo recuerdo las palabras de un amigo quien hace años me decía: "¿Por qué el vallenato pega tan rápido?, porque tiene letras de las cosas cotidianas y son letras sencillas que a la primera vez de escuchar ya te las has aprendido". Entonces pienso que nos es solo culpa del mercado, sino de la manera como hemos hecho más difícil de alcanzar otras formas de cultura.
Volviendo específicamente al reggaeton comparto la preocupación de Leonardo Padura quien en su bello artículo La educación sentimental dice:
El reggeatón expresa pues una forma de ver el mundo y como tal hay que aceptarlo, incluso cuando habla de la diabla que se pone en cuatro (ya se sabe para qué) y hasta practica la chupada del pirulí y otras piruetas sexuales. Su simplicidad rítmica (y no se me acuse de estar "fuera de onda", léase una partitura del género, si es que existen) y la bastedad y por momentos sordidez de sus textos (tampoco se me puede catalogar de puritano, solo hay que oír el reggeatón que habla del culito, ¿de la diabla?) es reflejo de la simplicidad, bastedad y sordidez de los días que corren. El reggeatón no surgió de la nada ni se ha impuesto en el gusto masivo de adolescentes y jóvenes por arte de magia, sino que es una emanación de estos tiempos, capaz de ofrecerles algo que ellos necesitan, casi se diría que exigen. Estos son hechos y oponerse a aceptarlos sí es una postura retrógrada.

Lo que me duele del reggeatón y sus letras no es tanto lo que provocan ahora entre sus consumidores, sino y sobre todo lo que dejarán en ellos como sedimento cultural, sensorial, afectivo, como sustancia para la evocación cuando los tiempos de hoy ya sean los de ayer.
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