martes, diciembre 20, 2005

El aburrimiento


Objeto indestructible - Man Ray

Estos días de vacaciones me dan la posibilidad de ponerme al día con las cosas pendientes: arreglos en casa, compras, libros y películas comprados y aún no leidos o vistas, visitas familiares, en fin. La verdad que el tiempo parece acortarse. Hay quienes no piensan igual, un vecino me decía anoche: "estoy aburrido, ya no encuentro qué hacer ni qué hacer con los muchachos (hijos)". Creo que el aburrimiento no es cosa mala, siempre que sea "aburrimiento fructífero" como le llamaba Bertrand Russel. Para los jóvenes o los niños tal vez sea algo difícil de explicar, a propósito el mismo Russel, en su libro "La conquista de la felicidad", dice:
Un chico o un joven que tenga algún propósito constructivo serio aguantará voluntariamente grandes cantidades de aburrimiento si lo considera necesario para sus fines. Pero los propósitos constructivos no se forman fácilmente en la mente de un muchacho si este vive una vida de distracciones y disipaciones, porque en este caso sus pensamientos siempre estarán dirigidos al próximo placer y no al distante logro. Por todas estas razones, una generación incapaz de soportar el aburrimiento será una generación de hombres pequeños, de hombres excesivamente disociados de los lentos procesos de la naturaleza, de hombres en los que todos los impulsos vitales se marchitan poco a poco, como las flores cortadas en un jarrón

Pienso que a nosotros, los padres, nos toca esta menuda tarea de plantear propósitos constructivos y enseñar a los hijos a disfrutar del aburrimiento, transformándolo en fructífero.
Al atribulado vecino, tratando de ofrecerle una vía de escape, le presté un par de películas y le leí este fragmento del mismo libro de Russel, luego se volteó sin decir nada y se metió en su apartamento:
La clase especial de aburrimiento que sufren las poblaciones urbanas modernas está íntimamente relacionada con su separación de la vida en la tierra. Esto es lo que hace que la vida esté llena de calor, polvo y sed, como una peregrinación en el desierto. Entre los que son bastante ricos para elegir su modo de vida, la clase particular de aburrimiento que padecen se debe, por paradójico que esto parezca, a su miedo a aburrirse. Al huir del aburrimiento fructífero caen en las garras de otro mucho peor. Una vida feliz tiene que ser, en gran medida, una vida tranquila, pues solo en un ambiente tranquilo puede vivir la auténtica alegría


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