domingo, febrero 27, 2005

Matthew Arnold

Por obra del azar me encontré con la señora Luisa, quien es abuela materna de Edgar un compañero de clase de Daniel desde hace 4 años, quien a su vez es hijo de un antiguo compañero de clase mio de la Universidad. La señora Luisa fue profesora de fonética (si mal no recuerdo) de mi Mamá y en aquel tiempo fueron buenas amigas. Todos estos vínculos los descubrimos luego de que Yolanda y la mamá de Edgar se hicieron amigas en el colegio y un buen día nos invitaron a casa de Edgar. La señora Luisa, inglesa de nacimiento y crianza, es una extraordinaria y atenta anfitriona. Luego de varias visitas descubrí su afición por la literatura y hemos entablado conversación sobre el tema en varias ocasiones. En la penúltima visita a su casa, me concedió el honor de dejarme leer el borrador de los primeros tres capítulos de su autobiografía, misma que leí con mucha atención. Su historia es simplemente desgarradora y la alenté a que continuara escribiendo. Durante la última visita hablabamos de los giros posibles con la autobiografía y un texto que tiene que preparar para un homenaje que le va a hacer a su padre difunto, hasta que llegamos a Whitman y su poesía, sacó un libro de su biblioteca y leimos varios poemas, particularmente me encanta escuchar su enfático y casi musical inglés. Le hablé de algunos poetas ingleses que me gustan, le hice especial mención de Samuel Taylor Coleridge y John Donne, ella se mostró emocionada y buscó una edición de 1915, excelentemente conservada, de una selección de poesía inglesa. Entonces me presentó a Matthew Arnold de quien me dijo había escrito un ensayo alguna vez. Leimos algunos hermosos poemas de Arnold y regresamos con el resto del grupo. Al sentarnos de nuevo en el grupo ella me regaló una mirada y una sonrisa de abuela cómplice, yo le sonreí de vuelta y la miré con ojos de nieto agradecido.
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