domingo, diciembre 12, 2004

Caracas... ¿Te quiero?



De nuevo Tulio Hernández cae en desgracia escribiendo otro artículo por encargo con la intención de publicitar un libro de fotografías de Nicola Rocco titulado “Caracas cenital”, mismo que por concurrencia también es referido ampliamente en horas de la tarde, en la misma línea, en el “tele show” Aló ciudadano. Hernández comienza con un breve relato de un vuelo en helicóptero sobre la otrora ciudad de los techos rojos, en el que nos refiere: “En cuestión de segundos se pasa del placer enorme de mirar ese conjunto genialmente armónico que representa el campus de la Universidad Central de Venezuela al susto de la abigarrada concentración de edificios anodinos que se apretujan en el centro de la ciudad”, acto seguido con otro terriblemente desafortunado símil, luego de deshacerse en alabanzas por las casas de la Lagunita, nos dice: “la fastuosa estampa de las casonas de La Lagunita, con sus prados verdes bien cuidados, gazebos resplandecientes y azulosas piscinas a las imágenes cuartelarias de la zona industrial de Los Ruices, camino de la inocultable pobreza de los cerros petareños”; y para finalizar se refiere a las zonas que circundan los distribuidores El Ciempiés y La Araña como “la fragilidad diminuta de los centenares de barrios de ranchos que han crecido a sus pies”. Es entonces cuando decide presentarnos el libro hablándonos desde la óptica de un perfecto desconocedor de la buena fotografía, de las casi trescientas páginas que lo componen y de algunas vagas y también poco afortunadas conclusiones de las formas arquitectónicas que dominan la capital. Pero no conforme rubrica su texto con las grandes oportunidades que, a su juicio, ofrece el libro de Rocco: “Permitir mirar a la ciudad como una unidad que es posible recuperar... la fractura clasista que separa, en una semiótica de la exlusión, barrios de urbanizaciones, colinas de cerros, personas de “marginales”, este de oeste”, “En segundo lugar, la de comprender el tamaño de la pobreza y el peso real de la ciudad “informal”... para vivirla no solo como una amenza sino como deuda social y demanda humana de inclusión” y por último sin ningún empacho pretende endosar el deterioro de la urbe capitalina al último lustro refiriéndose a: “la degradación que estos últimos cinco años la ha castigado penosamente”. Entonces Señor Hernández yo le pregunto: ¿De verdad quiere que los gazebos resplandecientes sean vistos como una unidad con los barrios de ranchos y los anodinos edificios del centro de la ciudad?, ¿que las personas de la lagunita se mezclen con los lumpen (este adjetivo se lo presto, creo que le faltó) de los cerros Petareños?, ¿que los seguramente dueños de empresas de las fastuosas casonas de verdes prados bien cuidados de La Lagunita atiendan la demanda de inclusión, paguen su deuda social y derriben las barreras que los separan de los “marginales” amenazantes de los ranchos?. Yo tal vez sugeriría retrocediera un lustro en el tiempo, se diera otro anodino paseito en helicóptero y rescribiera su texto.
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