sábado, julio 03, 2004

La mujer eterna

La vi, mi mujer eterna, mi Beatriz. Finalmente sentí sus labios, aunque solo fuera un beso furtivo de despedida. Una vez más no fui capaz de abrir el corazón entero, sin embargo la colmé de abrazos, miradas y alguna que otra palabra pudo escapar de mi boca temblorosa. Luego de 12 años el corazón aún me reduce la lengua. Pero al fin gusté su dulce boca y esa es una victoria definitiva.
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